Templos, mercados y casas conservan piezas de arte emplomado que narran la historia y tradición del municipio.
Por Catalina Martínez
Usado mayormente en edificios religiosos, Tulancingo cuenta con verdaderas obras vitrales hechas con el antiguo arte del emplomado, que se pueden apreciar en las alturas.
Espacios como el mercado municipal “Gilberto Gómez Carbajal”, construido hace 78 años, fue adornado con paisajes de vendimias en sus cuatro puntos, lamentablemente solo se conservan un par, al igual que en el pasaje López anexo a este centro de comercio.

Por ejemplo, en el templo de Nuestra Señora de los Ángeles, en el centro, en la parte frontal superior se puede ver una imagen con la policromía característica de esos diseños, al igual que en la parroquia de Nuestra Señora de la Luz ubicada en la colonia El Mirador de Tulancingo.
Un vitral que llama la atención por estar en el segundo piso de una casa habitación se observa en la calle Doria entre Ocampo y la calzada 5 de Mayo.

Estas composiciones de vidrios coloridos que permiten el paso de luz creando ambientes místicos cuentan historias, que están presentes desde la época romana. En Tulancingo existe un taller que se anuncia como pionero, ubicado en la calle Ocampo.
Uno de las más recientes vidrieras artísticas que se tienen en la Ciudad de los Satélites se ubica en la Plaza El Sol, en la calle Hidalgo, a amanera de mural que cuenta parte de la historia de este municipio.

