Tulancingo honra legado de Jorge Berganza, alcalde ejemplar

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Reconocen su trayectoria como médico y presidente municipal honesto, recordado por su servicio, ética y compromiso con la población.

Por Catalina Martínez

Hace unas semanas en Tulancingo se develó una placa del recuerdo a uno de los presidentes municipales más queridos de Tulancingo, Jorge Alberto Berganza de la Torre, quien obtuvo una medalla en el estado, la portada de la revista Contenido, por ser alcalde honesto; hasta hoy, tras su fallecimiento el 8 de noviembre de 2016, el respeto a una gran persona.

En el hace poco presentado Cuadernillo de Tulancingo que Berganza de la Torre se indica que durante su gobierno el 9 de abril de 1978 organizó un homenaje a El Santo en el cine Del Villar.

Pero es su hija Julieta Berganza quien en una carta escrita en marzo de 2009 describe al gran ser humano y filántropo, haciendo referencia desde un Tulancingo de antaño:

“Hemos sufrido y padecido en carne propia los estragos y enfrentamientos de la revolución. Los primeros años del siglo XX, con escaramuzas, incluso dentro de nuestra Catedral. Sus habitantes ya han visto con asombro, de la noche a la mañana, la transformación de la pequeña calle que pasaba frente a ella, en una nueva y mucho más ancha calle empedrada, construida a todo vapor por los hombres que comanda el coronel Francisco López Soto”.

Habla de los saqueos y de cómo llega la familia de su padre: “En medio de todo ello, se yerguen todavía nuestras fábricas textiles. Santa Isabel, fundada más de cincuenta años antes por un vasco inmigrado y trasplantado desde el Valle del Bastán, en Navarra, Don Tomás Urrutia Oteíza y Santiago, creada por su medio hermano, Martín Urrutia Escurra, quien llegó a Tulancingo años después”.

A trabajar a esta fábrica de Santiago, llegó al finalizar la primera década del siglo XX, otro vasco, su nombre: Ambrosio Berganza Zuazúa. Y es, en ese Tulancingo, donde se encuentran el inmigrante y la niña. Él que buscaba la América y la señorita de familia arraigada de Tulancingo, emparentada por el lado materno con Gabriel Mancera y cuyos antepasados paternos, los De la Torre, descansan en la Catedral de Tulancingo.

Ambrosio y Guadalupe, se casan en la ciudad de México y regresan a Tulancingo, para formar una familia, para estar juntos durante más de cincuenta años. El segundo de sus hijos, Jorge.

Sus primeros años, sus amigos, su escuela, todo en Tulancingo. Es un niño y ya se le ven los rasgos de un carácter, la tenacidad, la buena memoria y pronto, regirá su vida el deseo de ser alguien. Los estudios tendrán que continuar en la ciudad de México, el Francés Morelos y los maristas. La Facultad de Medicina, aún ubicada en la Antigua Plaza de Santo Domingo.

Se termina la carrera de medicina, ¿ahora qué? Después de prestar su Servicio Social en Apan, también en Hidalgo, la meta, es viajar a Europa, continuar aprendiendo y especializarse y la rama elegida: La Oftalmología.

A su regreso, el Doctor Jorge Berganza de la Torre, abre su consulta en Tulancingo. Las posibilidades son muchas, México, Puebla, Guadalajara, pero la decisión es Tulancingo.

Transcurren los años y la profecía que un día le hiciera su suegro, el Doctor Alfonso Linares Urrutia, “Si usted es bueno, lo vendrán a buscar”, se cumple.

El consultorio de la calle de Primero de Mayo, se llena. Enfrente, hileras de coches, las placas de Puebla, de Veracruz, del DF, de todas partes. Informa la secretaria, “Las citas se dan para dentro de dos meses, todo está lleno.” “Le suplicamos sea puntual y llegue con diez minutos de anticipación, el Doctor no le recibirá si llega después de la hora”.

Pero siempre, entre los coches lujosos y los personajes, la gente pobre, la gente humilde, sigue ocupando un lugar igual, sin discriminación por llegar a pie. Su forma de pagar por una consulta, casi siempre es diferente, un pollo, un guajolote, unos dulces, pan, un licor de Acaxochitlán. Y es gente que sabe demostrar cariño y gratitud sinceros, niños que escriben una carta con el corazón, dirigida a quien les hizo ver por primera vez.

“Yo lo opero, si vuelve a ver me paga y si no, no me debe nada” “Si no tiene, no se preocupe, yo lo atiendo”. Y sus manos, que se mueven lentamente en la sala de operaciones, que trabajan con minuciosidad y sus ojos, apoyados en un microscopio. ¡La cirugía ocular es tan fina, tan precisa! Y la satisfacción enorme de lograr que alguien vea, o vuelva a ver, y la honestidad a toda prueba cuando tuvo que decir “Lo siento, no puedo hacer nada por Usted.” Nunca el engaño ni las falsas esperanzas, que la mayoría de las veces se dan sólo con fines de lucro.

Los de los coches lujosos se enojaron una y mil veces cuando por llegar “Cinco minutos tarde” no eran recibidos, pero mi padre siempre contestaba “No puedo faltarle el respeto a ningún paciente haciéndolo esperar” y entraban con preferencia los de “a pie” que eran puntuales.

La honestidad que dirigió su vida profesional, aunada a los conocimientos, la dedicación, el esfuerzo por actualizarse, por asistir a Congresos donde siempre se aprendía más, las lecturas y el estudio de cada caso, muchas veces en las horas de la madrugada, rindieron más frutos.

Después, la política. A finales de 1975, se pusieron en contacto con él, los dirigentes priistas del Estado. ¡Lo querían como presidente municipal de Tulancingo!

Pero él, siempre tan ajeno y muchas veces, tan en contra de las prácticas y los enredos de la política, mostraba su renuencia. Yo creo, que lo pensó y lo meditó mucho. Al final, se decidió, su meta no sería enriquecerse o lograr privilegios, pensó que de alguna manera podría ayudar a su pueblo. Y a principios de 1976, protestó como presidente municipal de Tulancingo.

Cuentas claras, con estados de cuenta en la entrada de la vieja Presidencia Municipal, hoy desaparecida. Ingresos municipales crecientes durante los tres años de su periodo. Nunca sus amigos o conocidos por encima de cualquier persona, y surgió ante el disgusto de muchos en Tulancingo, el tío abuelo del “Torito” Si alguien manejaba con alcohol, debía pagarlo con horas de detención. Alguien que fue un amigo muy querido, le pidió que lo dejaran cumplir la cuota en abonos, ya que no quería perder su trabajo.

Televisa lo entrevistó Y cubrió sus Informes. La portada de una revista de circulación nacional, CONTENIDO, mostró la foto de mi padre, con el cintillo “INCREÍBLE, UN PRESIDENTE MUNICIPAL HONESTO”.

Y soportó los ataques y el “ser un mal ejemplo” como lo denominaban muchos políticos de entonces. Nunca más quiso participar en política, pero demostró que se podía hacer algo por el pueblo, por lo menos, no robarle.

Me encantan sus palabras y me llena de satisfacción cuando dice “Me siento bien, me gusta saber que puedo salir a la calle sin que nadie me llame ladrón”. Mi padre nunca robó nada, sobre todo, nunca robó con mentiras, o con falsas esperanzas o con mala preparación, los sueños de quienes confiaron en él y pusieron en sus manos una de las cosas más valiosas que tenemos: la vista.

El gobierno del estado de Hidalgo, que reconoció su labor, al entregarle la Medalla Pedro María Anaya 2009.

Jorge Alberto Berganza de la Torre quien nació en Tulancingo el 22 de noviembre de 1925, su nombre se puede ver en una calle, colonia, escuelas, biblioteca como un ejemplo de rectitud y buena gobernanza.

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