- ECO DE LA MANAÑA
Por Azucena Ponce Figueroa
Estas últimas semanas, en las que los días se han vuelto pesados y tristes, yo pensé que iba a llorar muchísimo. Que las lágrimas corrieran sin que yo intentara detenerlas, porque justo es lo que me ocurre, no lloro, y no porque no quiera o no lo sienta, pero es que no puedo, y tampoco es que me quiera soltar al drama y desee demostrar de esa manera mi dolor, pero mucha gente a mi alrededor me dijo, “llora”, es parte del proceso, es sanador. ¿Y qué creen? que solo lloré una vez por algunos minutos, pero mi corazón quería desahogarse y no fue posible, y me pregunté por qué si me sentía tan triste no llegaba el llanto a mí, algo que erróneamente normalicé desde siempre en mi personalidad, a modo de justificación.
En verdad me preocupé, porque mi cara no refleja mi sentir, algunas personas me han dicho “te veo bien, te veo tranquila”, yo me limito a sonreír, pero me sorprendí porque fidedignamente traigo un hueco, me duele mucho y no he logrado aligerar el peso, de hecho, mi hijo alguna vez me dijo “tu no lloras”, y créanme que tengo tantas ganas de hacerlo.
Sin dar más vueltas al tema me tope con un concepto que resonó conmigo, “la cultura del llanto”, suena a nombre de conferencia, pero en realidad habla de un fenómeno interesante, que me parece maravilloso y que básicamente plantea que llorar no es una señal de debilidad, sino una forma natural que tiene el cuerpo de liberar tensión emocional, estrés, tristeza, frustración e incluso alegría.
La idea surge como respuesta a generaciones enteras que crecieron reprimiendo emociones con frases como “no llores”, “aguántate” o “sé fuerte”, “si vas a empezar a llorar vete a tu cuarto”, o “no llores porque te ves fea”, “las niñas bonitas no lloran”, supongo que algo similar me acompañó a mí y a mucha gente que hoy nos cuesta demostrar nuestros sentimientos. Era una debilidad, una acción no aceptada y menos en público. Pero que inconscientemente dejamos de hacerlo para no vernos sin feos ni débiles, para no molestar. Pero por fortuna lo que antes era visto como debilidad hoy empieza a entenderse como una forma natural de liberar estrés, pérdida o simplemente exceso de vida acumulada.
Y no es queja, pero, vivir en ocasiones cansa, ser un adulto funcional y útil, tomar decisiones, recordar contraseñas, aparentar estabilidad emocional y además tomar suficiente agua. Francamente, no sé cómo sobrevivieron nuestros abuelos sin colapsar más seguido.
Hoy, el llanto es como una válvula de escape emocional y el cuerpo encuentra la manera de sacar lo que no puede cargar, y en verdad que alivio, me sorprende, que sin mayor problema los chicos de hoy se graban en cámara frontal, comparten su sentir sin que esto les ocasione algún complejo y la causa sea lo de menos, por ver una película, morque se emocionar con alguna sorpresa, porque están bajo tensión, en fin, que liberador y que felicidad deben sentir al poder hacerlo de la manera más natural, sencilla, genuina y humana.
Me parece increíble que yo apenas lo descubro, pero tiene su historia, sus inicios en Japón alrededor del 2013 con algo llamado Rui-Katsu, que literalmente significa “buscar lágrimas”, la dinámica se apoyaba de la proyección de películas tristes para poder llorar en grupo, juntos, como un
desahogo emocional colectivo. Me imagino que el entendimiento de tener muchas responsabilidades en un país caracterizado con un estilo mucho más rápido y como consecuencia tenían demasiadas emociones atoradas, y para que no afectaran su salud recurrieron a esta práctica sensible pero efectiva. Como era de esperarse la cultura del llanto formo parte de las estrategias en el acompañamiento psicológico, y creo que es una bendición, poder sacar todo de esta manera, hace poco escuche una frase que dice “el agua salada sana” haciendo referencia a las lágrimas y al mar.
Esta actividad tiene algo muy bueno, se dejó de satanizar las emociones, no te hace débil, dramático ni inestable. A veces simplemente somos personas agotadas, física, mental y emocionalmente por las exigencias del día a día, y el escape es una lloradita y seguir, suena sencillo, a muchos se nos complica, pero supongo que con la constancia se logra poder soltar y reiniciarse.
Debemos entender que es lo que realmente merece sufrirle y no romantizarlo. Hacer del dolor una personalidad. Vivir en la tragedia constante, la queja diaria y la manipulación, por lo que debemos entender que es lo que realmente merece sufrirle. Porque una cosa es sentir y otra vivir instalados en el drama eterno
Aquí lo interesante es que el llanto dejó de ser exclusivamente para mostrar tristeza, también se hace por felicidad, enojo, ternura, frustración, aquí entra el tema del control de las emociones, saber hasta donde para que no afecte a la salud, que todo se vale porque todos, estamos un poquito emocionalmente saturados.
Creo que voy a empezar a practicar un poco la cultura del llanto. No para vivir triste ni volverme intensa, simplemente porque que guardarse todo también pesa.

