EL TLACUILO
Por: Arturo Moreno Baños
Seguro lo has oído: que en tiempos de Porfirio Díaz el peso valía igual que el dólar, que era una moneda tan sólida como la estadounidense. Es un mito. Y la verdad es más interesante.
Durante casi todo el Porfiriato, el peso mexicano no fue una moneda fuerte, sino todo lo contrario. México estaba en el patrón plata: el peso era una moneda de plata. Y la plata, en los mercados del mundo, estaba perdiendo valor frente al oro, sobre todo en la década de 1890, con oscilaciones violentas. Como el dólar estaba respaldado en oro, el peso de plata se depreciaba frente a él y bailaba de forma salvaje.
Para 1899, el dólar ya se cotizaba en unos 2.08 pesos. Y como buena parte de la deuda externa había que pagarla en oro, ese peso que caía volvía la deuda cada vez más pesada.
Fue entonces cuando entró el mago de las finanzas del régimen, José Yves Limantour. En 1905 impulsó una reforma monetaria que puso a México en el patrón oro, fijando el peso en 75 centigramos de oro: unos 49.85 centavos de dólar, es decir, alrededor de dos pesos por dólar. Y por fin el peso se estabilizó, y esa estabilidad se mantuvo firme el resto del Porfiriato. Aquello fue real y valioso: dio certidumbre y atrajo capital extranjero como nunca antes.
Pero fíjate bien en qué consistió esa “estabilidad”. Fijar el peso en dos por uno equivalía, en realidad, a oficializar una devaluación del cincuenta por ciento respecto a la vieja paridad de plata. Y esa devaluación tuvo un costo: subió los precios, deterioró los salarios de los trabajadores y encareció lo de fuera, mientras les permitía a los extranjeros comprar empresas y tierras mexicanas a precio de remate.
Así que el “peso fuerte” del Porfiriato es una leyenda. El peso nunca fue el igual del dólar: valía más o menos la mitad, y su famosa solidez fue, en el fondo, una devaluación bien sostenida, buena para el inversionista extranjero y dura para el trabajador mexicano.
¿Cuántas veces hemos confundido la estabilidad de una moneda con la prosperidad de quienes tienen que ganarla?

