- Bertha Blanca Martínez García encontró en Tulancingo el lugar donde construyó una familia, un negocio y una historia de servicio que hoy la convierte en un referente de Santa María Asunción.
Por: Catalina Martínez
Hecha de madera fina, con un sentido de amor y respeto por sus hijos, ha formado una familia trabajadora y de respeto, convertida en una pieza clave del barrio San Ángel en la comunidad de Santa María Asunción en el municipio de Tulancingo, donde da el servicio de enlace.
Hablamos de Bertha Blanca Martínez García, originaria de Huajuapan de León, Oaxaca, quien, al encontrar a su alma gemela, vino a echar raíces a tierras hidalguenses: “conocí a mi esposo en una alberca nadando en México, un 5 de febrero, fuimos cuatro años novios, nos casamos, era mecánico militar decidió regresar a Santa María, accedí, Lupita mi hija mayor ya tenía tres años”.
Sin más familia cerca, Blanquita se ocupó de las labores de las labores del hogar, no obstante, la vida le tenía preparado iniciar un negocio que hasta hoy en día le ha dado fama: “los clientes de mi esposo eran camioneros, estaba despoblado, nada que comer, hace 42 años un chofer me pido que le hiciera unos taquitos, ya vendía galletas y refresco”.
Le pidieron poner una cocina, arreglaron parte de un terrero y empezaron con cuatro mesas, hacía comida, le pedían café por la noche, así nació el comedor Blanquita, paradero camionero con servicio las 24 horas.
La vida le tenia preparadas muchas sorpresas de las cueles su fe la han sacado hasta el momento, su esposo y amor de su vida falleció tras sufrir un accidente, del cual su hija se salvó: “fue hace 31 años era Melitón Vargas Ortiz (tenía 42 años) un hombre muy querido por el pueblo, fueron cientos de personas, flores y coronas que acompañaron su sepelio y entierro”.
Banquita quedó viuda con 5 hijos, siguió trabajando 24 x 24 para solventar todos los gastos: “se quedaron chiquitos mis hijos, Salvador de 5 años, Blanquita de 4, Laura 12, Yola 14 y Lupita 17; difícil porque mi esposo y yo siempre íbamos de la mano, cuando el parte todo se vino abajo”.
Su temple de mujer, salió a flote, sus hijos resultaron pieza clave en la ayuda para trabajar: “Blanquita bien chiquita me ayudaba a atender en la noche, me decía que no tenía sueño, Yola estudió por su cuenta para contador privado y encontró a trabajar en la caseta, se convirtió en mi fuerte”.
Llevando a sus hijos con amor, respeto y consolidación como familia les pudo dar estudios: “en mi primera cocina un día llegó Yola y me vio inundada”, ella le hizo el hoy restaurante, de ahí salió el recurso para que estudiaran carreras profesionales, que al igual que sus padres han demostrado su amor a la comunidad, impulsando áreas como el deporte y bienestar a la salud, descentralizando esos servicios de la cabecera municipal.
Blanquita no ha parado de trabajar de un solo día de su vida, con lágrimas en los ojos, voz quebrada y la mayoría de veces con una dulce y tranquila sonrisa, sus recuerdos son muchos y la hablar de su gente amada se nota la dedicación que les ha dado, como persona decente y de bien, es todo un ejemplo a seguir.
De hecho, en la caminata del día de la madre de este año, se la dedicaron, sorprendiendo porque tras su operación en las rodillas, pudo hacer el recorrido a campo traviesa.
Ella, con siete nietos, también forma parte actividad de su comunidad dando su tiempo como enlace, propiciando que se viva en la mayor armonía: “ya me siento parte de Tulancingo.
“Fui presidenta del comité de agua potable, la logré introducir el servicio en mi barrio San Ángel, unas baquetas en el centro y sigo”.
Otro aspecto, de esta gran mujer, es su deliciosa sazón en todo lo que cocina, herencia de sus padres oaxaqueño que lo ha combinado con el hidalguense para hacer creaciones únicas, pero sin duda el mole es exquisito:” la comida rápida o al hay se va no me gusta, soy exigente conmigo misma, compro materias de agua limpias de Acaxochitlán. Mi mole es artesanal limpio y seco los chiles, es molido en metate, el chocolate es auténtico de Oaxaca, todo bien sazonado tardo cinco horas, todo es con alegría para lograrlo, el paladar, el gusto”.
La humildad que la distingue y puro corazón: “Me siento contenta de ver realizados los sueños de mis hijos; mientras Dios me preste vida me siento con ganas de dar más a la gente para que sea feliz con una comida” y lo cierto es que Blanquita ha logrado una familia fortalecida, comunicativa, respetuosos unos de otros, prósperos como la base de una buena sociedad.
Foto Catalina Martínez

