EDICIÓN 64
Por Astillas
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La postura de Yazmín Dávila frente a la polémica protagonizada por el síndico de Singuilucan se queda muy corta y luce más como una lavada de manos. Escudarse en que no le corresponde intervenir puede interpretarse como una renuncia al liderazgo político que exige la alcaldía, sobre todo cuando se trata de hechos que afectan la imagen y la gobernabilidad del municipio. En lugar de enviar un mensaje firme, optó por la distancia y la evasión.
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¡Qué elegancia la de Tizayuca! La regidora María del Carmen Reynalda Quesada Aguilera, parece haber olvidado que en política la congruencia cuenta. Tiene derecho a disponer de sus recursos como quiera, pero la ostentación en uno de los restaurantes más exclusivos del país choca con el discurso de austeridad que Morena ha enarbolado durante años. Tizayuca tiene problemas pendientes y carga cuestionamientos a administraciones pasadas, mientras la imagen de lujo alimenta la percepción de una clase política muy alejada de la realidad de los ciudadanos.
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¡Vaya sorpresa! Marco Antonio Mendoza Bustamante llega a la dirigencia del PRI en Hidalgo sin competencia porque nadie más se registró y la renovación fue un trámite sin contraste ni debate. Para rematar, el evento se desarrolló literalmente en medio de un circo, una puesta en escena que inevitablemente lleva a preguntarse si esa es la imagen que mejor retrata a la actual dirigencia priista con estructura sin rivales internos, sin emoción y con mucho espectáculo.
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En Tulancingo les llueve sobre mojado. La administración de Lorena García Cázares acumula problemas más rápido de lo que logra resolverlos. A la inseguridad y fallas en los servicios públicos se suman ahora las afectaciones provocadas por las lluvias, que dejaron ríos sobre las calles como evidencia de la falta de mantenimiento y previsión. Las autoridades siguen extraviadas y los ciudadanos perciben una creciente ineficiencia.
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Los recientes accidentes registrados en Hidalgo son un recordatorio de que la euforia y la imprudencia son combinación peligrosa. Las lluvias, sumadas a los festejos mundialistas donde con frecuencia se mezcla el alcohol, exigen mayor responsabilidad al volante. Ningún resultado deportivo vale más que regresar sano a casa, porque una celebración puede terminar en tragedia en segundos.
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