- CRONOPIO
Por: Santiago Obregón
Las películas biográficas sobre músicos suelen seguir una fórmula conocida: infancia difícil, ascenso a la fama, excesos, caída y redención. Sin embargo, Better Man, dirigida por Michael Gracey, rompe ese molde desde el primer minuto al tomar una decisión tan extraña como brillante: representar a Robbie Williams como un chimpancé generado por computadora.
Lejos de ser un simple recurso visual, esta elección refleja la manera en que el propio Williams se ha percibido durante gran parte de su vida: alguien que debía entretener constantemente a los demás mientras luchaba contra sus inseguridades más profundas. La película recorre su camino desde sus inicios en Take That hasta convertirse en una de las mayores estrellas del pop europeo, sin ocultar sus problemas con las adicciones, la ansiedad y la presión de la fama.
Lo más valioso de Better Man es que no intenta construir un héroe perfecto. Por el contrario, presenta a un hombre lleno de contradicciones, errores y fragilidades. La historia muestra cómo el éxito puede abrir todas las puertas del mundo y, al mismo tiempo, dejar intactas las heridas emocionales que una persona carga desde la infancia.
Las secuencias musicales son espectaculares y están cargadas de energía, pero son los momentos más íntimos los que terminan dejando huella. Ahí es donde la película encuentra su verdadera fuerza: en la vulnerabilidad de un artista que durante años hizo reír, cantar y emocionarse a millones de personas mientras libraba una batalla silenciosa consigo mismo.
Una reflexión final
Quizá el mayor acierto de Better Man es recordarnos que todos llevamos un “mono” dentro. Esa voz que nos dice que no somos suficientes, que necesitamos la aprobación de los demás o que nuestros logros nunca serán suficientes para sentirnos completos.
La película deja claro que el verdadero enemigo de Robbie Williams no fueron las drogas, ni los escándalos, ni la prensa; fue la imagen que tenía de sí mismo. Y esa es una lucha con la que muchos pueden identificarse, aunque jamás hayan pisado un escenario.
Al final, Better Man no trata sobre la fama ni sobre la música. Trata sobre aprender a aceptarse, a perdonarse y a encontrar valor en uno mismo cuando se apagan los reflectores. Es una historia que nos recuerda que detrás de cada éxito hay una persona que también tiene miedo, que también se equivoca y que, como todos nosotros, simplemente está intentando ser una mejor versión de sí misma.
Y tal vez ahí radica la grandeza de la película: nos hace entender que convertirse en una “better man” no significa alcanzar la perfección, sino tener el valor de enfrentar nuestras propias sombras y seguir adelante a pesar de ellas.

