- Danza de Los Arcos en Cuautepec: tradición de fe con más de 200 años que honra a San Isidro Labrador.
Por: Catalina Martínez
Por lo menos desde hace 200 años la danza de Los Arcos, es una tradición que liga a la comunidad en un acto de devoción y fe, que se presenta en especial el 15 de mayo en honor de San Isidro Labrador, para pedir buen temporal de lluvias y abundantes cosechas, en tres regiones del municipio de Cuautepec de Hinojosa.
Se aclara, no es carnavalesca se trata de un ritual religioso, danza única registra de ese territorio de Hidalgo pero que comparte elementos con la de Puebla, Estado de México y Tlaxcala refiere cronista oficial de Cuautepec de Hinojosa el maestro Roberto Ignacio Manilla Hernández.
Los danzantes deben de ensayar mucho y tener una gran condición física; el grupo de Hueyapan y Huayapita, tiene nueva generación, chicas adolescentes y pequeños que con orgullo van ataviados con unas bandas cruzadas blanca y roja bordadas que les cruza el pecho.
También cubren su cabello con un pañuelo y con una corona de metal de la que cuelga una cinta con espejos redondos, que por cierto este año estrenaron gracias a una donación; sin faltar un arco tricolor con los colores de la bandera de México.Unos cuantos van mascarados y vistiendo ropa de mujer como don Javier Hernández que inicio a los 12 años, hoy tiene 60 esta orgulloso de heredar esta bella tradición y el joven José Luis Hernández encargado de proporcionar la música tocando en el violín las composiciones originales de las tres danzas que ejecutan.
La comparsa lleva al frente cinco imágenes de San Isidro Labrador protegidas en nichos, algunas de estas figuras tienen más de 100 años de antigüedad.
Acompañados por personas de la localidad recorren entre cerros y planicies, cientos de hectáreas de tierras de cultivo y pozos de agua, mientras les van ofreciendo comida y bebida, en una jornada que inicia a las 5:00 horas y termina entrada la noche.
Se van parando en las parcelas, casas y ojos de agua para ofrecer su baile, mientras se anuncian con cuetes, ofreciendo una vista que provoca hasta el llanto, por el esfuerzo que hacen, del largo andar y del mucho zapatear con una fe infinita, abocada a tener los alimentos, no solo del cuerpo, sino también del espíritu.

