- Las creencias sobre tesoros, portales, baños en el río y fertilidad forman parte de la memoria cultural del municipio.
Por Arturo Castelán Zacatenco (cronista municipal)
El 24 de junio, Día de San Juan, es una de las fechas más especiales para los habitantes de Acaxochitlán.
Desde hace generaciones, esta noche y la madrugada siguiente están rodeadas de creencias, leyendas y tradiciones que forman parte de nuestra riqueza cultural.
Buscar tesoros enterrados: hoy, a la medianoche, cuando inicia el Día de San Juan, dicen que es el momento ideal para buscar tesoros ocultos. Se cuenta que aparecen llamas o pequeñas luces que señalan el sitio exacto donde están enterrados… claro, únicamente si el tesoro está destinado para quien lo encuentra.
Puertas a otras dimensiones: la tradición también dice que esta noche se abren portales hacia ciudades encantadas o mundos ocultos. Quien se atreva a entrar podría encontrar grandes riquezas… o perderse hasta el siguiente 24 de junio.
Apariciones y seres mágicos: es una fecha en la que, según la creencia popular, es posible ver duendes, fantasmas o incluso espíritus de familiares, pues el mundo de lo sobrenatural se encuentra más cercano al nuestro.
Cortar el cabello: muchas personas aún creen que cortarse el cabello en este día hace que crezca más rápido, fuerte y bonito.
La sanjuaneada: antiguamente era costumbre acudir al río antes de que saliera el sol del 24 de junio para darse un baño. A esta práctica se le conocía como la sanjuaneada. Se decía que quien lo hacía sería más resistente a las enfermedades y que su cabello crecería más abundante. Era común llevar especialmente a los niños para que crecieran fuertes y saludables. Probablemente esta tradición tiene su origen en el bautismo de Jesús en el río Jordán por Juan el Bautista, cuya festividad se celebra precisamente el 24 de junio.
El llamado a los árboles: otra antigua costumbre consiste en “regañar” a los árboles frutales que no han dado cosecha. Quien realiza el ritual carga un chiquihuite con un mecapal, se acerca al árbol y le da unos golpecitos en la base del tronco con un palo o un cable mientras le dice:
“¡Mira, vengo cargando mi chiquihuite y tú no tienes nada! El próximo año vendré y espero poder llenarlo. Si no, te volveré a pegar”.
Más que una amenaza, este acto simbólico representa el deseo de que el árbol sea fértil y ofrezca abundantes frutos en la siguiente temporada, reflejando la estrecha relación que nuestros antepasados mantenían con la naturaleza.
Estas historias y costumbres, independientemente de que hoy se sigan practicando o no, forman parte de la memoria colectiva y del patrimonio cultural de Acaxochitlán.
Son tradiciones que han pasado de generación en generación y que mantienen viva la magia de nuestro pueblo. ¿Conoces alguna otra creencia o tradición del Día de San Juan? ¡Compártela en los comentarios y ayudemos a preservar nuestra memoria cultural!

