Las versiones que dejamos atrás

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ECO DE LA MAÑANA

Por Azucena Ponce Figueroa

Hay una versión de nosotros que siempre se queda viviendo en la memoria de alguien más.

Hace tiempo en este espacio hablé sobre la expectativas, de ida y vuelta, es decir, tanto de lo que la gente espera de nosotros y nosotros de los demás, en esta ocasión quiero enfocarme en el derecho a cambiar actitudes, amistades, forma de respuesta, es decir, romper ese esquema de quienes hemos sido y quienes queremos ser, no por capricho, sino porque el agotamiento de ser siempre quien resuelve, ayuda, compra, acompaña, cuida, todas esas capacidades, habilidades que forman parte de nuestra personalidad tienen sus límites, un día decides no hacer nada y te colocas en primer lugar, hay muchas razones para hacerlo principalmente porque ya no coincide con tus intereses y porque hay versiones nuevas de uno mismo esperando a ser usadas.

No digo que esté mal, pero sin percatarnos del paso del tiempo podemos permanecer en algún lugar o con la misma gente, intentando encajar solamente para no decepcionar a otros, continuar en un trabajo no tan bueno asegurando que es el empleo soñado, otros muchos que permanecen en relaciones toxicas porque les pesa el que dirán si se divorcian, están por historia, por costumbre y hasta por culpa, conservamos amistades que francamente ya no aportan nada pero “se les quiere”, aunque ya no tengamos nada en común. A veces me pregunto cuánto cansancio se necesita para seguir viviendo una vida que hace tiempo dejó de sentirse propia.

Sin embargo, teniendo un pie fuera de cualquier tema, situación, relación o asunto del que se trate y que no nos agrade completamente trae consigo un efecto dominó, que sin dudarlo alcanza otros aspectos de nuestra existencia cargados de nuevas decisiones que nos acompañen a mejorar o quizá no, pero que sí dista mucho de quienes éramos, y que, sin duda, honrarán eternamente cada decisión que tomamos en el pasado, las buenas y las malas.

El cambio rara vez es agradable, pero trae consigo personas que nos acompañarán y que seguramente apoyarán a moldear a nuestro nuevo yo. Es un descubrimiento de muchas cuestiones como nuevas conversaciones de temas desconocidos apuntalarán a fomentar el conocimiento, visitar lugares a los que no acudíamos aviva la curiosidad, seguramente aprenderemos nuevas habilidades o probaremos comida que nunca antes nos atrevimos, la expedición resultará enriquecedora, pero debemos estar conscientes que habrá una oleada intensa en esta nueva etapa, no importa cuán ligeros sean los cambios, suelen venir acompañado de una culpa silenciosa, por que en el camino tradicional dejaremos gente, objetos, ideas que ya no nos hacen felices.

Y es extraño, porque celebramos el crecimiento cuando se nota hacia afuera: un ascenso, una meta cumplida, un reconocimiento, pero nos incomoda cuando el cambio ocurre por dentro. Cuando alguien se vuelve más selectivo, más callado, más sensible, más consciente de lo que ya no quiere tolerar, pero también hay que entender que no vinimos al mundo a permanecer intactos e inmóviles.

Y aunque pensamos que es necesario manifestar el porqué de nuestras transformaciones no tenemos porque dar explicaciones de nada, ni justificar la distancia, ni buscar argumentos de cada nueva decisión, pedir permiso para convertirnos en alguien distinto. Hay etapas que simplemente terminan, cumplieron su propósito y merecen descanso, no es traición, egoísmo mucho menos inestabilidad sino una de las maneras más honestas de amor propio daros permiso de evolucionar, madurar y descubrir que nuestro camino puede ser más ligero, más eficiente, más feliz, lo que cada uno de nosotros necesite, sin avergonzarnos de no mirar atrás.

La vida sería mucho más amable si entendiéramos que las personas no tienen la obligación de quedarse tal cual las conocimos, es parte de aprender, si,  en la práctica no es sencillo, porque en mi vida hubo gente muy cercana con la que hoy difícilmente converso, y aunque durante mucho tiempo pensé que eso significaba fracaso, ahora creo que simplemente hay personas que cumplen una etapa en nosotros.

Algunas llegan para acompañarnos mientras aprendemos algo, otras nos ayudan a sobrevivir y algunas mas más permanecen hasta que entendemos que también podemos cambiar de dirección sin sentir culpa, porque ya no se ajustan a lo que somos hoy.

Porque hay versiones de nosotros que hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían en ese momento y crecer también significa entender que no estamos obligados a seguir habitando a la persona que fuimos solo para que otros se sientan cómodos con ella.

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