EL TLACUILO
Por Arturo Moreno Baños
El mundial de futbol cada 4 años es un evento que reúne a chicos y grandes, sin duda el espectáculo más esperado. En el año 2018 le tocó el turno a Rusia convertirse en la sede de los partidos futboleros.
Rusia ya no es aquella potencia formada por 15 repúblicas a la que se le conocía como Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. En plena guerra fría era importante ganar en todos los rubros para demostrar que sistema económico era el mejor. Tanto el capitalismo de EUA como el socialismo de la URSS se disputaban la hegemonía.
En los tiempos de la Unión Soviética el futbol era prioridad del régimen socialista, entre 1958 y 1990 el futbol soviético asistió a siete de los nueve mundiales que se celebraron. También ganó una Eurocopa (1960), fue subcampeón en tres ediciones más y clubes como Dynamo de Kiev y Dinamo de Tiblisi se convirtieron en los únicos de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en ganar una competencia europea, el entonces Recopa.
Eran los tiempos de Yashin, Voronin y Blojín, donde el músculo institucional de la URSS reunía a los mejores futbolistas de las federaciones que conformaban el bloque soviético.
El régimen socialista propició la mejor etapa del futbol soviético, pero una vez que la federación se disgregó, el talento quedó repartido en 15 nuevos países, como Ucrania, Bielorrusia, Estonia, Letonia, Lituania, Georgia, entre otras naciones. Para la selección de Rusia, principal heredera de la era soviética, comenzó a competir a partir de 1992 y sólo pudo calificar a tres de seis mundiales y su mejor puesto en Eurocopa fue un tercer lugar.
“Siempre hubo buenos jugadores. Cuando éramos la Unión Soviética, había buenas escuelas” mencionó a Viktor Onopko, exfutbolista y director deportivo en la federación rusa.
Incluso la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) recabó investigaciones sobre el futbol soviético, durante la Guerra Fría, donde se destacaba que el balompié era el único deporte de la URSS con interés genuino de la población y para el régimen era el vehículo ideal para fomentar el espíritu colectivo, por encima de los deportes individuales.
El futbol en la URSS tuvo el mismo grado de importancia que la carrera armamentística, al grado que el ejército (CSKA Moscú), la empresa de ferrocarriles estatal (Lokomotiv de Moscú) y la compañía automotriz (Torpedo de Moscú) tuvieron sus equipos de futbol.
Después de la Perestroika, el torneo ruso comenzó su reconstrucción y tras varios años complicados, en la última década empresas que surgieron de las privatizaciones estatales tras la caída del régimen apostaron por el futbol.
Así comenzó la competencia, ya no sólo con el dominio de los equipos moscovitas tradicionales. Zenit de San Petersburgo (propiedad de la empresa de gas Gazprom), Rubin Kazan (del holding TAIF) y Krasnodar (propiedad de la tienda Magnit), han hecho grandes inversiones.
La Liga Premier de Rusia es el sexto torneo donde mejor se paga a los futbolistas, con un promedio anual de 1.1 millones de dólares, según un estudio realizado por Sports mail. Los únicos éxitos internacionales de los equipos rusos han sido dos Europa League, obtenidas por Zenit y CSKA de Moscú, pero según el ranking de la Federación Internacional de Historia y Estadística, Rusia tiene el torneo número 20 en cuanto a calidad.
Cuando Rusia apenas sumó un punto en la Eurocopa de Francia 2016, en el sitio change.org casi 1 millón de rusos pidieron la disolución de la Selección. El ministro de deportes incluso respondió a la petición, pero los aficionados acusaban conformismo en los futbolistas, por los altos salarios, y por la falta de competencia por la regla que obliga alinear a cinco jugadores nativos en todos los partidos del torneo.
Rusia busca la herencia del futbol soviético, aunque el dinero y el proteccionismo no le permiten competir todavía sumado con los ataques a Ucrania; Rusia a quedado expulsada de la competición mundialista hasta nuevo aviso.

