- La misión probará con astronautas el viaje lunar tras más de 50 años, sin alunizaje.
Por: Redacción
Artemis II es, en términos prácticos, el gran ensayo del regreso humano al entorno de la Luna. A diferencia del Apolo 11, esta misión no busca alunizar, sino llevar por primera vez desde 1972 a una tripulación alrededor de la Luna y de vuelta a la Tierra para probar con personas a bordo todo lo crítico: soporte de vida, navegación, comunicaciones, maniobras y reentrada. NASA la describe como una misión de unos 10 días y, al 1 de abril de 2026, la mantiene como su primer vuelo tripulado del programa Artemis.
Lo que “significa el regreso de la humanidad a la Luna” no es que hoy mismo vuelva a pisarla, sino que se reabre la exploración tripulada del espacio profundo. Artemis II busca demostrar que Orion y el cohete SLS pueden llevar astronautas más allá de la órbita baja terrestre con seguridad. Si sale bien, allana el camino para las siguientes fases del programa, ya enfocadas en una presencia humana más sostenida en torno y sobre la Luna.
¿Qué se espera de la misión? En lo técnico, que valide los sistemas de la nave bajo condiciones reales con cuatro astronautas a bordo: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. En lo simbólico, que vuelva a colocar a la Luna como destino humano real y no solo como recuerdo de la era Apolo. En lo político y estratégico, también pesa la competencia espacial con China y la intención de fijar reglas, alianzas y presencia internacional en la nueva etapa lunar.
Entre quienes apoyan Artemis, el argumento central es que la Luna funciona como campo de pruebas para misiones más ambiciosas, incluido Marte. También sostienen que esta vez no se trata solo de “plantar bandera”, sino de construir capacidades duraderas: tecnología, cooperación internacional y eventualmente infraestructura en la región lunar.
Los detractores, sin embargo, tienen varias críticas fuertes. La primera es el costo: Reuters reportó que el programa Artemis ya estaba estimado en 93 mil millones de dólares hasta 2025. La segunda son los retrasos acumulados, provocados por problemas técnicos y de desarrollo. La tercera es el modelo del cohete SLS, al que incluso voces dentro del debate espacial califican de demasiado caro y poco reutilizable frente a opciones comerciales más nuevas.
Otra crítica importante ha sido la seguridad y la madurez tecnológica. Tras Artemis I, NASA tuvo que investigar el comportamiento inesperado del escudo térmico de Orion, y eso empujó el calendario de Artemis II a abril de 2026. La Oficina del Inspector General de NASA ya había advertido sobre la necesidad de resolver riesgos técnicos para la misión tripulada.
También hay detractores que cuestionan el sentido político y económico del regreso lunar. Ven Artemis no solo como ciencia, sino como una carrera geopolítica, industrial y hasta comercial por recursos, rutas y liderazgo espacial. Ese enfoque entusiasma a unos, pero a otros les preocupa que la narrativa de exploración termine subordinada al negocio o a la rivalidad entre potencias. Esa lectura es una inferencia razonable a partir de la cobertura reciente y del discurso oficial sobre competencia con China y economía lunar.
En resumen: Artemis II no es todavía “el regreso” en el sentido de volver a caminar sobre la Luna; es la misión que debe probar que ese regreso vuelve a ser posible. Si fracasa, reforzará a los críticos. Si funciona, será el paso más importante en más de medio siglo para devolver a seres humanos al espacio profundo.

