- Con las lluvias, los bosques ofrecen especies comestibles que ya se venden sin temor y con reconocimiento al saber ancestral.
Por: Catalina Martínez
Con las lluvias y periodos de sol, de esta época del año, los bosques hacen su magia, los de la región de Acaxochitlán, entre ellos, donde de la tierra surgen su suculento y espectacular mundo fungi comestible.
Orejas rojas, blanca o la de judío, tlacuayeles o pancitas, moloches, escobetas, yemas, ya se comercializan para cada vez más el delite no solo de los pobladores de los pueblos originarios, sino de la población en general.
En los mercados y tianguis de Acaxochitlán resaltan a la vista por su forma y colorido, comercializados ya sin temor de que les sean decomisados como ocurría hasta el 2012.
Fue en ese año que a través de una labor importante de la bióloga Leticia Romero Bautista, quien es recordada con agradecimiento y a través de recolectores con conocimientos ancestrales, la labor de una Red Ciudadana y con el apoyo de la UAEH se desarrolló la Primera Feria del Hongo en el ahora Pueblo Mágico.
Además de los importantes estudios y comprobaciones de que más de 37 especies se pueden comer sin peligro, se les nombró como un reconocimiento a su sabiduría en la recolección de hongos, nanacateras y con ello se autorizo que su venta libre para quienes hacen ese trabajo.
Hasta este mes cada montón de las diferentes especies cuestan entre 40 y 50 pesos con un promedio de entre 10 y 20 hongos de acuerdo a su tamaño.
En cada tendido callejero está el trabajo de 12:00 horas, inician la jornada entre las 4:00 y 5:00 horas de la madrugada para cruzar los montes y con paciencia, mujeres, pero también hombres cortan los manjares que da y nos regala la tierra, sin la intervención humana.

