UNA HISTORIA Y UN CAFÉ
Por Héctor Navarrete Mendoza
Cuenta la leyenda que hace miles de años, cuando los dioses aún caminaban entre los hombres, la tierra de Hidalgo y el centro de México guardaba un secreto dulce y poderoso. Dicen que Mayahuel, la diosa del maguey, descendió de las estrellas para regalar a los seres humanos algo que aliviara su cansancio, uniera sus familias y recordara siempre el cariño de los dioses. Se transformó en una planta hermosa y fuerte, de hojas largas y punzantes, que se aferraba con fuerza a la tierra: el maguey.
Pero el mejor regalo aún faltaba. Cuentan que cuando el maguey maduró, se abrió su corazón y de él brotó un líquido blanco, espumoso y tibio, como la leche de una madre o la sangre que da vida.
Los antiguos lo llamaron “nectar de los dioses”, y también “aguamiel” que, al reposar y transformarse con el aire y la naturaleza, se convierte en pulque: la bebida sagrada que une el cielo y la tierra.
De la leyenda a la historia real:
Lo que los mitos nos cuentan, la historia lo confirma. El pulque es una de las bebidas fermentadas más antiguas de América. Se han encontrado indicios de su consumo desde hace más de 2,000 años en zonas de lo que hoy es Hidalgo, Tlaxcala, Puebla y el Estado de México. Para las culturas prehispánicas ” toltecas, mexicas, otomíes” no era una bebida cualquiera: era un alimento, un remedio y un vínculo sagrado.
Se tomaba en ceremonias, para celebrar cosechas, acompañar la curación de enfermos y dar fuerza a quienes trabajaban la tierra.
Se dice que el descubrimiento de la fermentación fue casi un milagro: los antiguos vieron que cuando el aguamiel se dejaba reposar en el hueco central del maguey, cambiaba su sabor y adquiría una fuerza especial. Aprendieron a cuidarlo, a respetar sus tiempos y a prepararlo con paciencia y cariño.
¿Qué es realmente el pulque?
Es el resultado natural de la fermentación del aguamiel que se extrae del corazón del maguey. No lleva químicos ni procesos industriales: solo la naturaleza, el tiempo y el cuidado de las manos campesinas. Tiene vitaminas, minerales y bacterias buenas que ayudan a la digestión y fortalecen el cuerpo de ahí que nuestros abuelos lo llamaran “la leche de la tierra”.
Un regalo que no se ha perdido
Hoy, en pueblos de Hidalgo como Apan, Zempoala, Mineral de la Reforma y muchos más, el pulque sigue vivo. Se produce de la misma forma sencilla y digna que hace siglos. Se comparte en las fiestas, se vende en tinacales y se ofrece con respeto, como cuando lo recibieron nuestros antepasados.
El pulque no es solo una bebida: es memoria, es identidad, es el agradecimiento de la tierra hacia quienes la cuidan. Es el regalo divino que Mayahuel nos dio, y que nosotros tenemos la obligación de conservar con orgullo.
FUENTES CONSULTADAS
1. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) – “El maguey y el pulque en la cultura prehispánica”, Colección de Folletos Culturales, 2021.
2. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Instituto de Investigaciones Históricas.
-Historia general de las cosas de la Nueva España, Fray Bernardino de Sahagún (edición facsimilar), 2018.
3. Secretaría de Cultura del Estado de Hidalgo Patrimonio vivo: tradiciones del maguey y el pulque, 2023. 4. Investigaciones etnográficas Relatos de productores y guardianes de la tradición en la región del Valle del Mezquital y Apan, Hidalgo.

