El espectáculo del arrepentimiento

Date:

ECO DE LA MAÑANA

Por Azucena Ponce Figueroa

Nuestra relación con el error, el juicio y la necesidad de exhibir.

Nunca habíamos tenido tantas oportunidades para expresarnos, pero también, nunca había sido tan costoso equivocarse en público. Cuantos de nosotros nos sentimos afortunados porque crecimos sin el testimonio de una grabación, un video que mostrara nuestros momentos más humildes, nuestras opiniones más inmaduras o los errores propios de una etapa en la que apenas estábamos aprendiendo a vivir. La mayoría tuvimos el privilegio de equivocarnos en privado, de decir tonterías que el tiempo se encargó de borrar y de cambiar de opinión sin que existiera un archivo permanente dispuesto a recordárnoslo cada día, no hay rastro de muchas cosas que solo viven en nuestros relatos y no porque sean fatales o graves en muchos de los casos son divertidos, pero no hay pruebas fehacientes. 

En ese contexto, sin duda, las redes nos han regalado algo extraordinario: memoria. Una memoria casi infinita que supone ir acompañada de conexión, cercanía y libertad y en muchos sentidos cumplieron. Nos permitieron escuchar voces que antes eran ignoradas, conocer realidades lejanas y construir comunidades más allá de cualquier frontera. Pero junto con esos beneficios apareció un fenómeno inesperado: la transformación del error humano en un espectáculo colectivo.

Cada semana vemos la misma escena, la aparición de muchas ladies y lores, alguien que dijo algo que no debió decir, actuó de una manera cuestionable o tomó una decisión que provoca indignación. La reacción es inmediata. Miles de opiniones aparecen en cuestión de horas. Los fragmentos de información se multiplican. Son investigados y perseguidos por todos los internautas ofendidos. Los juicios se acumulan dando paso al desenlace esperado: una disculpa pública, que para su suerte pronto se disolverá, porque así funciona la dinámica de las redes, quien insultó, agredió, humilló, pronto pasará de nuevo al anonimato, hasta que otra persona sea identificada por su mal actuar y de muestra de su arrepentimiento.

Lo interesante es que la sociedad moderna no busca solamente explicaciones o responsabilidades. Busca una demostración visible de remordimiento, debe haber una evidencia del responsable y reconozca su error solicitando el perdón de quien afectó, sin que esto lo exime de las ofensas, los dimes y diretes, el señalamiento y las consecuencias en todos sentidos.

Sin embargo, ¿Qué tan sincera puede ser este acto cuando ocurre bajo la presión de millones de personas observando? La sinceridad necesita espacio para reflexionar, procesar y comprender. Las redes sociales, en cambio, funcionan con la velocidad de la reacción inmediata. No premian la reflexión; premian la respuesta rápida.

Más que una táctica, la gente considera que con una disculpa se arregla el asunto en cuestión, pero no es así, no podemos ir por la vida actuando mal y llegar a justificarnos sin que haya una real transformación porque si no, se trata solamente una estrategia de supervivencia para salir airosos, pero no es así, debe haber franqueza en cada palabra emitida, y este hecho si o si obliga a un cambio, porque si no resulta todo un montaje para convertir la reputación en un recurso medible. Los seguidores, los comentarios y las reacciones funcionan como una especie de moneda emocional. Cuando alguien pierde ese capital, observamos el proceso casi como si fuera una caída negociable. Lo preocupante es que a veces terminamos evaluando la gravedad de una conducta no por el daño que causó, sino por el tamaño de la reacción que generó.

Por otra parte, hay errores devastadores que apenas reciben atención y faltas menores que provocan tormentas digitales. Esa diferencia revela una verdad incómoda; las redes no siempre amplifican la importancia de los hechos; muchas veces engrandecen únicamente aquello que logra captar nuestra atención.

Algo muy humano es pensar que observamos estos episodios desde una posición moralmente superior. Sin embargo, cualquiera que haya vivido lo suficiente sabe que la vida está llena de faltas, malas decisiones, palabras desafortunadas y momentos de los que preferiríamos no dejar huella, la realidad es que deberíamos se más prudentes, pacientes y empáticos, pero las circunstancias en ocasiones, no son las más favorables y las reacciones mucho menos (no estoy justificando a nadie), hoy por hoy, nuestras equivocaciones quedan almacenadas en internet para ser examinadas por desconocidos.

El desafío consiste no es normalizar la dinámica de aprender a disculparnos y ya, sino aprender a relacionarnos de otra manera con nuestras equivocaciones, y poder tener una respuesta acertada o mejor pensada, menos impulsiva.

Las redes sociales son una herramienta extraordinaria. Han promovido causas justas, han dado voz a quienes no la tenían y han permitido visibilizar abusos que antes permanecían ocultos. Pero su mayor prueba de madurez llegará cuando aprendamos a utilizarlas no solamente para señalar culpas, sino también para reconocer transformaciones auténticas.

Nadie está exento de cometer un error y que este se haga más que popular, pero hemos regulado tanto el proceso posterior que parece existir un manual no escrito: equivocarse, ser exhibido, pedir perdón y esperar el veredicto de la opinión pública. Lo alarmante es que ya no siempre queda claro si buscamos responsabilidad, aprendizaje o simplemente un nuevo episodio para consumir porque cuando una historia termina, otra ocupa su lugar con la misma velocidad.

Y en esta dinámica digital la honestidad no se valora tanto, solo el show mediático, nos corresponde identificar de que lado vamos a tomar partido, alentando el morbo popular ante la caída de alguien más suma a la controversia o si nuestra en nuestra humanidad hace gala de empatía porque detrás de cada error hay una persona, no un espectáculo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Share post:

Subscribe

spot_imgspot_img

Popular

More like this
Related

Indignación en Acaxochitlán tras robo en una tumba; vecinos llaman a reforzar la vigilancia

El robo de objetos colocados como ofrenda en una...

Santa María Asunción abre centro de acopio para apoyar a damnificados por terremotos en Venezuela

La comunidad es la primera en lanzar la convocatoria...

En Pachuca los hoteles cinco estrellas más baratos del país 

Hay hoteles sin clasificación en el centro de Pachuca...