- COLUMNA INVITADA
Por: Redacción
Hoy se cumplen tres años desde que Acaxochitlán recibió el nombramiento de Pueblo Mágico, un reconocimiento que llenó de orgullo a quienes creemos en la historia, la cultura y el enorme potencial de nuestro municipio.
Tuve el privilegio de participar en la integración del expediente que hizo posible este logro y, desde entonces, sabía que obtener el nombramiento era apenas el primer paso. El verdadero reto comenzaba al día siguiente.
Un Pueblo Mágico no se sostiene con un logotipo, con un letrero o con una campaña de promoción. Se sostiene con el compromiso cotidiano de sus autoridades, de los prestadores de servicios y, sobre todo, de sus habitantes.
Tres años después, vale la pena preguntarnos con honestidad: ¿hemos estado a la altura de ese compromiso?
Seguimos enfrentando problemas que ya conocíamos y que otros Pueblos Mágicos han vivido antes que nosotros: precios elevados que afectan al visitante, contaminación, descuido de la imagen urbana, infraestructura turística insuficiente, escaso reconocimiento y difusión de nuestra cultura indígena, y una evidente falta de cultura turística entre buena parte de la población y de quienes viven del turismo.
Lo más preocupante es que muchos de estos problemas pudieron prevenirse. Conocíamos la experiencia de otros destinos y sabíamos que, si el nombramiento no se acompañaba de planeación, participación ciudadana y trabajo permanente, lejos de generar beneficios, terminaría agravando los problemas existentes.

Y, sin embargo, sigo creyendo en Acaxochitlán.
Porque la magia de este pueblo no está en un decreto, sino en su gente, en sus tradiciones, en su patrimonio natural y cultural, en su historia, en sus comunidades indígenas, en su gastronomía y en todo aquello que nos hace únicos.
La magia sigue aquí, pero también puede perderse si no la cuidamos.
Este tercer aniversario no debería ser solamente una celebración; debería ser también un momento para reflexionar y rectificar el rumbo. Aún estamos a tiempo de hacer del turismo una herramienta para conservar nuestro patrimonio y mejorar la calidad de vida de nuestra gente, no para deteriorarlos.
Como cronista municipal, seguiré haciendo lo que me corresponde: investigar, documentar, difundir y promover el enorme patrimonio de Acaxochitlán. Pero la responsabilidad de conservar nuestro Pueblo Mágico es de todas y todos.
Porque el nombramiento se recibió hace tres años… pero merecerlo es una tarea de todos los días.

