- REY ENIGMA
Por: Luis Fernando Reyes
Las conversaciones ya comenzaron y la negociación formal arrancaría a fines de mayo, con aranceles y reglas de origen como focos de tensión.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya comenzó de manera preliminar y perfila un proceso complejo para México, en medio de una postura más dura de Washington en temas comerciales e industriales. El gobierno estadounidense y la Secretaría de Economía iniciaron desde marzo las discusiones bilaterales para preparar la revisión conjunta del acuerdo, programada para el 1 de julio de 2026.
Aunque la fase formal de negociación todavía no arranca, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, informó el 20 de abril que ésta podría comenzar en la semana del 25 de mayo, una vez concluido el intercambio inicial de posturas con la parte estadounidense. Reuters reportó que sería la segunda ronda de conversaciones, luego de una primera sesión realizada en Washington durante marzo.
Desde el arranque del proceso, la señal enviada por Estados Unidos ha sido clara: busca que los beneficios del tratado se concentren más en la región de Norteamérica, mediante menor dependencia de importaciones externas, reglas de origen más estrictas y mayor seguridad en las cadenas de suministro. Esa ruta anticipa una revisión menos flexible y más enfocada en blindar la producción regional.
A esta presión se suma el mensaje transmitido por el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, a líderes empresariales mexicanos del sector automotriz y acerero: no deben esperar que los aranceles impulsados por Donald Trump desaparezcan en esta revisión. Según Reuters, Washington incluso planteó reglas más severas para que componentes clave, como motores y software, provengan totalmente de Norteamérica.
En este escenario, México llega a la revisión como un socio estratégico para la integración manufacturera de la región, pero también como uno de los actores con mayor presión encima, por su alta dependencia del mercado estadounidense y por los efectos que ya han tenido los aranceles sobre sectores exportadores. Esa percepción también explica por qué México y Canadá han insistido en defender el carácter trilateral del acuerdo, ante señales de que Washington podría inclinarse por negociaciones más bilaterales.
Así, más que una actualización de rutina, la revisión del T-MEC se perfila como una negociación de alto impacto político y económico, en la que México buscará preservar el esquema regional del tratado y reducir riesgos para su industria, frente a una Casa Blanca que parece decidida a endurecer las condiciones del intercambio comercial.

