- REY ENIGMA
Por: Luis Fernando Reyes
El dato más visible del informe es positivo: el IMSS cerró 2024 con un resultado favorable de 16 mil 320 millones de pesos, es decir, con ahorro contable en el ejercicio. Sin embargo, ese saldo debe leerse con cautela, porque también implicó una caída frente a 2023, cuando el resultado favorable fue de 44 mil 257 millones. En otras palabras, el instituto sigue cerrando en terreno positivo, pero con un margen más estrecho que el año previo.
ORIGEN DE LA SITUACIÓN ACTUAL
El punto de partida del problema financiero del IMSS no está en un solo año, sino en su propio diseño institucional. El instituto opera como el principal pilar de la seguridad social en México y debe financiar atención médica, prestaciones económicas, guarderías, pensiones de su personal y una enorme estructura operativa nacional. El informe recuerda que su obligación es sostener esa función aseguradora en el presente y a futuro, lo que implica una presión permanente entre ingresos y gasto.
En ese contexto, el crecimiento reciente de sus ingresos explica buena parte de su resistencia financiera. Las cuotas y aportaciones de seguridad social subieron de 667 mil 574 millones de pesos en 2023 a 737 mil 8 millones en 2024, lo que muestra una base recaudatoria más robusta. Ese aumento está ligado, en términos generales, a más empleo formal, mayores salarios registrados y mejoras en la recaudación. Pero el propio informe deja ver que ese fortalecimiento de ingresos no elimina los compromisos estructurales del instituto.
Uno de esos compromisos históricos es el Régimen de Jubilaciones y Pensiones del propio IMSS. Al cierre de 2024, ese gasto, junto con otras prestaciones económicas, representó 25.5 por ciento del gasto total del Instituto. Es decir, una cuarta parte del gasto ya está absorbida por obligaciones laborales y pensionarias, antes incluso de considerar toda la demanda médica cotidiana. Ese es uno de los grandes orígenes de la presión financiera: el IMSS no solo atiende derechohabientes, también carga con pasivos laborales acumulados de largo plazo.
CÓMO HA EVOLUCIONADO
La evolución reciente del IMSS puede resumirse así: mejoró su flujo presente, pero sigue enfrentando debilidad estructural de largo plazo. El informe 2024-2025 confirma una suficiencia financiera estimada a 2036, lo que significa que, bajo sus proyecciones, el instituto tendría recursos para cubrir sus compromisos hasta esa fecha.
Pero cuando se abre el horizonte, aparece la señal de alarma. El análisis actuarial del propio instituto estima que los ingresos cubren los gastos hasta 2032; de 2033 a 2054 habría insuficiencia de ingresos, la cual podría cubrirse temporalmente con reservas hasta 2036; y a partir de 2037 se presentaría un déficit actuarial. Más aún, el IMSS reconoce que, respecto de la evaluación previa, su suficiencia financiera se redujo un año. En el informe anterior, la previsión era llegar a 2037 con suficiencia; ahora, el horizonte se mueve a 2036.
Ese cambio es importante porque revela que el instituto no está en crisis inmediata, pero sí en una trayectoria donde los márgenes se van acortando. No se trata de una quiebra cercana, sino de una advertencia técnica: el modelo actual aguanta, pero cada vez con menos espacio frente al crecimiento del gasto.

QUÉ EXPLICAN LOS DATOS EN REALIDAD
El informe permite ver dos IMSS al mismo tiempo. Por un lado, un instituto que todavía logra sostenerse gracias a ingresos crecientes, reservas y estrategias aplicadas en los últimos años. Por otro, una institución cuyo problema de fondo no está resuelto porque el gasto futuro crecerá por razones difíciles de revertir: envejecimiento de la población derechohabiente, mayor demanda médica, costos de operación, expansión de servicios y pasivos laborales.
Además, el capítulo de riesgos es claro al señalar cuatro frentes delicados: riesgos del entorno, riesgos de operación, riesgos por pasivos contingentes y riesgos de financiamiento. Entre ellos destacan las brechas en capacidad instalada, el peso del pasivo laboral y los cambios de política pública sin financiamiento asociado, así como el problema del esquema de financiamiento del Seguro de Enfermedades y Maternidad. Esto último es central, porque muchas veces se amplían obligaciones o servicios sin que exista una fuente adicional de recursos equivalente.
RETOS PARA EL FUTURO
El primer gran reto del IMSS es cerrar la brecha entre ingresos y gasto médico futuro. Aunque hoy recauda más, la presión demográfica y epidemiológica seguirá aumentando. Más personas viven más tiempo y requieren atención por más años, muchas veces con enfermedades crónicas y tratamientos más costosos. El problema no es solo cuánto entra hoy, sino cuánto costará atender mañana. Esa es la lógica detrás de las proyecciones actuariales que anticipan déficit desde 2037.
El segundo reto es contener el peso de los pasivos laborales y pensionarios. Que el Régimen de Jubilaciones y Pensiones y otras prestaciones absorban 25.5 por ciento del gasto total muestra que una parte muy relevante de los recursos no puede redirigirse fácilmente a infraestructura, personal médico, medicamentos o expansión de servicios. Eso limita la capacidad de respuesta del instituto, incluso cuando sus ingresos mejoran.
El tercer reto es invertir sin desfondarse. El propio IMSS reconoce riesgos vinculados con la capacidad instalada y la necesidad de estrategias de expansión. Esto significa más hospitales, clínicas, equipo, digitalización y personal. Pero esa expansión es costosa y, si no viene acompañada de financiamiento sostenible, puede empeorar la presión a mediano plazo.
El cuarto reto es evitar que nuevas decisiones públicas carguen más obligaciones al instituto sin respaldo presupuestal suficiente. El informe lo señala de forma explícita como riesgo de financiamiento. En términos prácticos, eso quiere decir que cualquier ampliación de cobertura, atención o beneficio debe venir acompañada de una fuente clara de recursos; de lo contrario, se erosiona más rápido la suficiencia financiera.
BALANCE FINAL
El último reporte del IMSS no describe un instituto quebrado, pero tampoco uno plenamente sano. Describe a una institución que todavía se sostiene, que mejoró ingresos y que cerró 2024 con números positivos, pero cuya estabilidad futura depende de que logre contener costos, fortalecer ingresos permanentes, manejar sus reservas con prudencia y enfrentar de manera más decidida sus pasivos laborales y sus necesidades de infraestructura.
La lectura de fondo es esta: el IMSS no enfrenta hoy un colapso, pero sí una cuenta regresiva estructural. El informe da margen, no tranquilidad definitiva. Y ese margen, según sus propias proyecciones, ya empezó a reducirse.

