ECO DE LA MAÑANA
Azucena Ponce Figueroa
Que felicidad y orgullo es contar con un idioma tan rico en todos sentidos, tenemos infinidad de palabras para comunicarnos, pero también para jugar con ellas, sinónimos que nos permiten decir una misma frase de otro modo, quienes hablan otra lengua e intentan aprender el español, señalan cuan complejo es, no es tan simple como parece. Decir algo implica entender que las palabras rara vez significan una sola cosa. En México, pueden tener veinte lecturas distintas y no es sólo por los modismos, sino por la intención, el tono y todo aquello que dejamos entre líneas, a veces cuenta más lo que no se dice. En México casi nada se dice tal cual.
Este tema tiene mucha tela de donde cortar, por que en México el lenguaje no solo comunica, también resignifica la realidad, hay códigos culturales que entendemos sin necesidad de explicarlos, que dicen de lo ricos que somos como sociedad hablante y dicen mucho de nosotros, en ocasiones no es necesario acudir al significado literal de lo que queremos expresar, nos encantan los dichos, hacer uso de los refranes y frases que solo nosotros entendemos, es un gran extra a nuestro vocabulario, pareciera que es innato porque sin mayor aclaración sabemos de que hablamos, porque todos sabemos que una “mordida” no sólo es eso, hay una intención, es un acuerdo no dicho, una salida fácil, una costumbre que se entiende fácil, ¿Qué quién lo inventó o lo dijo primero? “sepa la bola”, son palabras cargadas de historia, contexto y que se introdujeron hace mucho y siguen vigentes, viajan de generación en generación, es casi como hablar en clave.
Nuestro lenguaje es el resultado de siglos de historia, mezcla y adaptación. Desde la época prehispánica, muchas lenguas indígenas ya utilizaban formas evasivas pero respetuosas para dirigirse a otros. Después vino el español, con sus propias estructuras formales, y con el tiempo todo se mezcló hasta dar lugar a este estilo tan nuestro: decir sin decir.
Porque “ahorita”, puede referirse al instante, o a cinco minutos o nunca
Decimos “luego vemos”, cuando en realidad ya decidimos que no. O “Se lo cargó el payaso” tiene varias connotativas, puede ser que alguien se haya muerto, o haya fracasado, perdido, cometido un error, su dirección va hacia lo negativo, pero de forma positiva, es como suavizar la acción haciendo frente pero no tanto, es como matizar para esconder cosas importantes, lo que sentimos, lo que nos duele, lo que no queremos enfrentar. Nuestro lenguaje nos protege.
En este sentido no puedo dejar de mencionar “Chilanga banda”, una muestra irrepetible que nos sumerge en un desfile de rimas, palabras arraigadas profundamente en nuestra cultura, algunas prácticamente indescifrables, una forma de identidad en forma de canción y que entonada nos une como mexicanos.
Hablamos así porque sentimos así. Porque preferimos cuidar el vínculo antes que imponer la razón y sin temor a equivocarme en ningún otro país el humor cabe tanto en su forma de expresarse como aquí, que afortunados somos, tenemos el mejor idioma delo mundo, y no es falta de respeto, más bien es un homenaje que día a día nos acompaña y nos identifica a través de las Locuciones idiomáticas como formalmente se conocen pero que en la práctica tiene todo, menos formalismo para nuestra suerte.
En vísperas de Semana Santa y en medio de mucho mexicanismo los dejo entre lo dicho y lo entendido, me voy a darle vuelo a la hilacha, antes de que me caiga el chahuistle, sin andar de farol, ni hacerme de la vista gorda. ¡Ahí nos vidrios!

