Lo que no se escribe, se pierde

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  • ECO DE LA MAÑANA

Por: Azucena Ponce Figueroa

Casi todo lo que nos define empieza sin que nos demos cuenta, un momento en la vida que parece pequeño, casi invisible, pero lo cambia todo. Por ejemplo: la escritura.

La mayoría no recordamos cuando por primera vez tomamos un lápiz con la intención y el esfuerzo por seguir una línea, un trazo que no fue perfecto y menos rápido, pero sí intensamente importante, porque estábamos a punto de descubrir un mundo extraordinario.

Sin saberlo, ese primer intento por escribir nos hacía conscientes de que podíamos dejar huella, y que lo que pensábamos podía tomar forma.

Qué paciencia la de quienes nos enseñaron, su sensibilidad para acompañar un proceso que no solo forma letras, sino a las personas, crecimos con la creencia de que era una obligación escolar, cuando en realidad era una puerta. Detrás de la cual había algo mucho más profundo que el simple acto de escribir.

Seguramente a todos nos invadió una gran emoción, qué pena no recordarlo tal cual, pero ese sentimiento debería prevalecer por siempre, considero que la redacción no solamente organiza nuestras ideas, sino que en ellas habitan emociones, decisiones y conciencia con un propósito, habrá quien diga que ocurre lo mismo con los mensajes instantáneos a los que la tecnología nos acostumbró en la que prevalecen las abreviaturas o emojis, pero créanme que no, a nivel neuronal es todo un tema de conexiones, porque escribir a mano activa procesos que no se replican en una pantalla, obliga a pensar, a recordar, fortalece la memoria, la comprensión, la capacidad de expresión. El cerebro lo requiere o se vuelve flojo.

Sumado a esto y en el que quiero enfocar en esta ocasión, es sobre la sensación que vivimos cuando alguien escribe para nosotros; a mano se procesa distinto, nos da exclusividad, esos trazos imperfectos e insuperables dice mucho más de lo que expresan las palabras. Habla de su ritmo, de su forma de ser, de cómo piensa, de cómo siente, no importa el estilo, todos tienen algo en común: su humanidad,

Uno de los mejores ejemplos y que muchos de ustedes seguramente recordarán, son aquellos días de clases en los que papelitos doblados viajaban de mano en mano dentro del salón, recorriendo filas, esquivaban miradas, pasaban desapercibidos para el maestro, pero no para quien los esperaba, en el que cabía todo tipo de mensajes: una confesión, o un recado urgente para la amiga de la banca de al lado.

No importaba qué tan simples eran, lo importante era el momento. Era comunicación en su forma más pura, sin filtros, sin ediciones y sin posibilidad de borrar. Era sentir, escribir y que llegara a su destinatario, un trabajo de equipo lleno de complicidad.

Con el paso de los años y la rapidez de la tecnología lo cual se volvió una cualidad, pero disolvió ciertas experiencias. Hoy todo llega al instante, pero casi nada se queda., si hay nostalgia, como aquellas cartas escritas a mano que se guardaban para leerse cuando lo necesitábamos, esos escritos pesaban más que cualquier archivo digital, nos conectaban desde el corazón, con el afecto, con nuestra historia personal. Porque los manuscritos no solo comunican, también vinculan y construyen.

Por eso no es casualidad que lo verdaderamente importante aún se firme a mano. Que los documentos más relevantes lleven una firma que representa identidad y un símbolo de autenticidad inquebrantable.

Pregúntenle a un fan que ha logrado conseguir el autógrafo de su artista favorito, es un tesoro invaluable, es el testimonio de un encuentro y la prueba de una conexión real y se convierte en privilegio único del acto de recibir.

La escritura es, una de las grandes invenciones del ser humano. Pero la de puño y letra es algo más íntimo: es una extensión de nosotros mismos. Es la prueba de que estuvimos ahí, de nuestro pensar y sentimientos, es recuperar el valor de lo esencial, una herramienta que no puede sustituirse con nada.

Es un proceso poderoso que inicia en la primera infancia pero que nos acompaña para siempre y que a pesar de que la tecnología siga asombrándonos con sus avances, la palabra escrita permanece, no necesita evolucionar para seguir siendo fundamental. Ahí empieza todo.

¿Todavía guardas alguna carta o nota escrita a mano que signifique mucho para ti? Cuéntame tu historia en los comentarios.

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