- REY ENIGMA
Por Luis Fernando Reyes
Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia asegurando que permanecería en el cargo hasta concluir su mandato. Apenas 34 horas después, volvió a separarse, ahora mediante una licencia definitiva.
El episodio difícilmente puede reducirse a un cambio de opinión. Su regreso encontró rápidamente el deslinde de la Secretaría de Gobernación y de Morena, además de llamados para que reconsiderara la decisión. Este lunes, la propia presidenta Claudia Sheinbaum calificó su retorno como “imprudente” y aseguró que Rocha no consultó al gobierno federal antes de reincorporarse.
Ahí está el verdadero problema: la imagen de un gobernador que volvió convencido de tener condiciones políticas para hacerlo y descubrió, en cuestión de horas, que prácticamente estaba solo.
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En un estado golpeado por la violencia y necesitado de estabilidad institucional, gobernar no puede convertirse en un ejercicio de prueba y error. Rocha regresó para demostrar fortaleza, pero su rápida retirada terminó proyectando exactamente lo contrario.
Y aunque formalmente fue él quien pidió nuevamente licencia, queda una pregunta inevitable: ¿se retractó por convicción propia o porque desde el poder le dejaron claro que su regreso ya no era políticamente sostenible?

