Curules vacías, campañas llenas

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REY ENIGMA

Por Luis Fernando Reyes

Hay legisladores que parecen tener más interés en la siguiente elección que en la sesión de esta semana. Mientras las curules permanecen vacías, las agendas políticas comienzan a llenarse de recorridos, reuniones, fotografías y cálculos rumbo al próximo proceso electoral.

La ausencia de diputados en una sesión no debería verse como un detalle menor. Asistir, debatir y votar es parte esencial del trabajo por el que reciben un salario público. Cuando no están, no solamente dejan una silla vacía: dejan sin representación efectiva a quienes votaron por ellos.

Lo preocupante es que, conforme se acercan los tiempos electorales, algunos políticos parecen desarrollar una extraordinaria capacidad para estar en todos lados, excepto donde deberían.

Hay tiempo para eventos, encuentros con grupos políticos, publicaciones en redes sociales y construcción de una posible candidatura, pero no siempre existe la misma disposición para permanecer durante horas en el Congreso discutiendo leyes, presupuestos o problemas que afectan directamente a la ciudadanía.

EL HAMBRE ELECTORAL

El problema de fondo es una vieja enfermedad de la política mexicana: el cargo actual se utiliza como trampolín para buscar el siguiente.

Todavía no terminan una responsabilidad cuando ya están pensando en otra. Una diputación puede convertirse en antesala de una alcaldía; una alcaldía, en plataforma para otra candidatura; y así sucesivamente.

La representación popular termina subordinada a la supervivencia electoral.

No tiene nada de ilegítimo que un legislador aspire a otro cargo. Lo cuestionable comienza cuando esa aspiración ocupa más tiempo, energía y atención que la responsabilidad que todavía tiene.

¿Y EL TRABAJO PARA EL QUE FUERON ELECTOS?

Los ciudadanos no eligieron diputados para que fueran candidatos permanentes.

Los eligieron para legislar, fiscalizar, debatir y representar.

Por eso las ausencias deberían tener consecuencias políticas reales y ser observadas con mayor rigor. La ciudadanía tiene derecho a saber quién asiste, quién falta, quién vota y quién solamente aparece cuando hay cámaras, eventos públicos o posibilidades electorales.

Porque resulta demasiado fácil pedir nuevamente el voto cuando todavía existen pendientes del cargo anterior.

Antes de preguntar “¿qué sigue para mí?”, cualquier legislador tendría que responder algo mucho más sencillo:

¿Ya cumplí con aquello para lo que me eligieron?

Mientras esa pregunta quede sin respuesta, cada curul vacía será también una fotografía bastante precisa de una clase política demasiado ocupada pensando en su futuro y no necesariamente en el de sus representados.

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